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miércoles, 6 de diciembre de 2006

La Nariz del Cesar

Posé la vista, poco menos que al descuido, sobre la foto de César Pérez de Tudela. O más propiamente sobre su elevada, fina y desgastada nariz, altiva como una arista de montaña, tal como aparece en la portada de un libro ya añejo exhibido, entre otras publicaciones, en la vitrina de un kiosco callejero. Un amigo que me acompañaba en aquél momento, me comentó que el apéndice nasal le había quedado así al montañero navarro tras la congelación sufrida durante el ascenso a una de las más altas cumbres.

De allí pasamos a querer precisar si Cesar había sufrido la congelación cuando subía a un ochomil, o a un sietemil, o a un cincomil, y si la tal expedición había sido a los Andes, a las Montañas Rocosas o a algún punto del macizo del Himalaya.

De allí pasamos al Dalai Lama y a la sal gema rosada proveniente de aquella región, y de ésta a la firma barcelonesa que la comercializa en toda España, lo cual nos condujo a conjeturar si las nuevas fronteras y separaciones intrahispánicas llegarían o no al extremo de impedir el comercio panhispánico, para terminar hablando de la paz que, como dice el diccionario de Covarrubias en el cual me inspiro, es el lugar común en que se detienen los oradores para seducir a la parroquia contándole los bienes que se siguen de ella y los males de la guerra que, al parecer, es su contraria.

Sucede que a los varones de fácil labia les pasa lo mismo que a las mujeres solo que en abstracto y más disperso. Así que aquella tarde, después del exordio de la nariz congelada, y de dar mil vueltas al pensiero tratando de calcular si a los expañoles resultantes de una hipotética división de las Españas les podría interesar de veras vivir enfurruñados a perpetuidad unos con otros, y de sopesar el riesgo que corren de convertirse en animales territoriales especializados en mear sobre sus propias mugas –también se les llama mojones-, para dejar bien marcados los límites dentro de los que cada perro pueda cazar su gato, la ociosa conversación comenzó a escorar hacia el lado de las curiosidades históricas. Así que, complicando la cosa, abandonamos la paz para interesarnos por el Proceso de Paz.

-¿Cree Vuestra Merced que esto del Proceso de Paz va para rato?

-Para Rato no, ese personaje pertenece ya a la pura paleontología de la política. En todo caso va para Rodríguez Zapatero.

-No es eso a lo que me refiero.

- Pues entonces ¿a qué?

-A lo que puede durar el Proceso de Paz.

-El Proceso durará lo que tiene que durar. Porque hay que estirar el chicle por lo menos hasta las elecciones generales en las cuales podrá servir de excelente espejismo de enganche para los votos que anden sueltos y sin orientación. Así que, hasta ese momento, el proceso está destinado a ir un día bien y al otro mal. Tendrá que sufrir parones para aumentar la intriga y para justificar los prisas y empujones que van a venir después. Habrá disidentes que disientan y espontáneos que se tiren al ruedo de nuevo, con grave peligro para la vida de los demás, por supuesto. Como resultado de unas cosas y otras, el proceso podrá alargarse lo necesario para llegar con todo su poder ilusionante al momento preciso de las elecciones generales.

-¿y la paz?

- La Paz , si viene, durará lo que quiera. Ya desde la antigüedad clásica conocen los eruditos –y ya no digamos los erudos de cuerpo entero-, que la paz es un bien escaso y esquivo completamente indiferente a la demanda de que es objeto. A los romanos les llegó a durar la paz en cierta ocasión doce años consecutivos, doce, y decidieron conmemorar esa hazaña nunca vista erigiendo un templo votivo a la Pax Romana. Al Caudillo Franco le duró veinticinco años, los famosos “Veinticinco Años de Paz”, y hay pakeas por ahí que los recuerdan todavía. A Europa le ha durado la paz sesenta años, aunque para conseguir ese numero tan redondo han tenido los propagandistas que descontar las sucesivas guerras de Secesión de la Ex Yugoeslavia , que estallaron unas tras otras como una traca exterminadora que sólo cesó cuando intervinieron las tropas de los Estados Unidos ya que a la Europa Unida no le hacía gracia mancharse el halda. Al Estado de Israel la paz no le ha llegado todavía, pues desde su creación por la ONU en 1948 está en situación de guerra con casi todos sus vecinos.

-¿Y la joven democracia española?

-La joven democracia española no ha conocido tampoco un momento de verdadera tranquilidad interna, si se descuenta la Transición Pacífica. Y que conste que si accedo a llamar así a la Transición , es porque quiero olvidar que en ella se produjeron noventa muertos. Con cuatro muertos les bastó a los portugueses para llamar a la suya la Revoluçao do Cravo.

Tampoco ha contribuido a la tranquilidad de España lo que ha venido ocurriendo en el País Vasco, donde a la beligerancia revolucionaria se le ha venido llamando guerra o lucha armada, dando a entender incluso que es un conflicto internacional. Esto ha tenido por resultado que el personal padece ahora un verdadero “mono” de paz, pese a que en la llamada “guerra” a nadie le ha ido tan mal, si se hace caso omiso de las víctimas, por supuesto. Y en esas estamos.

-Tenga vuestra merced cuidado con lo que dice del mono ese. ¿No ve que se expone a ser investigado por simiófobo?

- Cuando hablo de mono no hablo de ninguno de los animales que reciben ese nombre, sino de ese estado de ansiedad o de perturbación inducida en el consumidor habitual de drogas por la carencia de éstas. Quiero decir sencillamente que la paz, convertida en droga a través de los sobresaltos bien calculados de una beligerancia que se prolonga durante décadas, produce en el organismo social un síndrome de abstinencia que lleva consigo el deseo irrefrenable de conseguir paz a toda costa.

-Y ya que habla de costa ¿está comprometido también el litoral cantábrico oriental de tanta importancia estratégica en el equilibrio mundial?

-Sin duda alguna lo está, como que allí residen buena parte de los pacientes del síndrome de abstinencia.

- ¿Y eso de la Hoja de Ruta que conduce a la paz?

-Es una pedantería que imita el léxico de Collin Powell en el Oriente Próximo. Pero el americano se atreve a hablar así porque sabe que si quisiera podría imponer su voluntad a los contendientes y llevarlos, de parada en parada, por el itinerario que quisiera. Aquí, para ser sinceros, debería hablarse de dos Hojas de Ruta, una de ellas con la versión para niños que se ofrece al gran público; y la otra, propia del piloto, que es donde se dice lo que de veras ha de pasar para que, una vez escenificadas por las partes que intervienen las dificultades previstas y consensuadas, la cosa se prolongue lo justo para que resulte electoralmente rentable. ¿Comprené vu lo que parle mua?

-Si, lo comprendo, lo comprendo. Su poliglotismo está a la altura de la globalización. Pero me queda una duda ¿A qué viene lo de la nariz congelada de Pérez de Tudela?

-Viene a que, al igual que la nariz del montañero sufrió congelación, el antiguo reino de los nafarrotarras está en animación suspendida en esa cámara de hibernación política que constituye la Cuarta de las Disposiciones Transitorias de la Constitución de 1978. Y supongo que en algún momento habrá que escenificar la reanimación Supongo que nadie se creerá que las transitoriedades son para siempre. Y no digo más.

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