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sábado, 1 de julio de 2006

El Perol de las Albóndigas

Respondón (con aire satisfecho).- Esto, propiamente hablando, no es una albóndiga, ni una albondiguilla, sino una perla. Una perla difícil de clasificar porque, no obstante estar escrita en latín y -por eso mismo- incursa en la sospecha de ser una antigualla inservible, una vez traducida encaja en la situación de hoy como anillo en dedo de prometida de las de antes.

Preguntón.- -¿Antes de qué?.

Respondón.-¡De qué antes iba a ser sino de antes de la guerra ¡ Yo no creo sino en la virtud antigua y probada. Así no me llevo sorpresas Pero vayamos al grano. La perla en cuestión proviene de un manuscrito que llegó a mis manos después de estar durante casi cuatro lustros en las de un antiguo miembro de las Brigadas Internacionales que lo había “rescatado” para la causa proletaria sacándolo de la Biblioteca de una casa ducal situada en salva sea la ciudad, durante la guerra de España.

Preguntón.- -Pero ¿cómo entró Vuestra Merced en tratos con uno de esos bolcheviques a los que la misma República Española tuvo que diezmar para que se comportaran en combate?

Respondón.-Pero buen hombre, sea lo que hubieran sido, aquellos bolcheviques ya no son lo que fueron. Los que sobreviven me parecen unos viejecitos encantadores aunque algo gruñones, inclinados a gastarse la pensión en Viagra y propensos a cantar la Internacional al menor motivo. No olvide que el mismo presidente Aznar, don José María, les otorgó a mogollón la ciudadanía española. Así que mi bolchevique -que para no dar del todo tres cuartos al pregonero voy a llamar Herr J.W.- es desde entonces entero y verdadero conciudadano de los 41 millones de españoles, expañoles y “ciudadanos inmigrantes” que se apretujan sobre la Piel de Toro reclamando la Independencia con ayuda o no de algún antiguo bombero de Belfast.

Preguntón.-¿Cómo llegó el manuscrito a las manos de vuestra merced?

Respondón.-El manuscrito de la perla obra en mi poder por legítima compra-venta. La operación mercantil se llevó a cabo en una estación de gasolina cerca de Donaueschingen, en Alemania, en agosto de 1956. El antiguo “internacional” de las Brigadas servía allí de vigilante y cobrador, oficios que son señal clarísima de que estaba ya plenamente integrado en el sistema democrático.

Preguntón.-¡Pero comprarle el manuscrito a ese individuo es como hacerse cómplice de su latrocinio! ¿No teme Vuestra Merced que le reclamen los legítimos dueños?

Respondón.-Eso no me preocupa lo más mínimo. Cuando le compré el manuscrito, Herr H.W. era su legítimo dueño.

Preguntón (indignado).- ¿Dueño?, ja ¿Con qué derecho?

Respondón.- Con el “derecho de presura” que lo asistía como saqueador.

Preguntón (con expresión docta).-¿Derecho de presura? ¡No me venga con cuentos!¡Pero si el derecho de presura se refería, en el Derecho Medioeval, a las tierras reconquistadas!

Respondón (con aire decidido).- Ni yo le voy con cuentos ni me venga el Preguntón con tiquis-miquis propios de leguleyo graduado en Universidad de segunda clase. Si el “derecho de presura” se refería a las tierras ¿cómo no iba a abarcar igualmente a bienes muebles y portátiles como son, al fin y al cabo, los libros y más si alguien, por ejemplo, los coge y sale corriendo a toda prisa, que esto significa también presura? Por cierto, y para que se vea lo poco que me preocupa el título de propiedad, al hombre de la estación de gasolina le compré, además, un libro titulado “Viator Christianus in Patriam tendens” de A. Kruzesimowski, impreso en la tipografía de Joannes Stunicam o, lo que es lo mismo, de Juan Zúñiga, en Madrid, el año de 1741.

Preguntón (irónico).- Para ser rojo, Herr J.W. me parece demasiado amigo de latines ¿No será pura coña todo lo que dice Vuestra Merced?

Respondón.- Los temas serios se deben abordar en serio. A propósito, y volviendo al tema de la albóndiga que resultó ser perla, dice así en latín, ese idioma que tanto os sorprende: “ Noluistis vitam et domos vestras ditare natis? Pro natis ad canes deflectet affectio qui eas cumulate frequentabunt. Et cum senueritis vestrorum ipsorum manibus tam eorum sordes quam subligatorum vestrorum mundabitis.” Lo cual, traducido libremente al román paladino, resulta todavía más sorprendente :”¿Quereis que no haya nacimientos en vuestros hogares? El afecto que le corresponde a los hijos lo volcareis en los perros a los que tomareis desmedida afición y, cuando llegueis a viejos, tendréis que limpiar con vuestras propias manos tanto sus excrementos como la inmundicia de vuestros calzoncillos”.

La sentencia, aunque claramente excrementicia, no tiene desperdicio, parece una maldición contra ciertos usos preferenciales de hoy, antinatalistas y pro-envejecimiento de la población.

Preguntón ( esta vez con aire francamente curiosón).- ¡A ver, a ver! ¿Dónde pone eso de calzoncillos?

Respondón ( señalando con el índice de su mano derecha un lugar del escrito y con la expresión segura y aplomada de quien está enteradísimo).- Aquí, en la palabra “subligatorum”

Preguntón (con progresista y progresiva indignación que, como se sabe, va creciendo por momentos, hasta alcanzar el punto crítico de la “rabia contenida”).- Pero ¿Quién es el autor de esa perla tan extraña?¿Algún cura preconciliar que predica la natalidad? ¿Algún nostálgico del franquismo que quiere resucitar los Premios a la natalidad conyugal?¿Algún casposo y almorranado Obispo conservador que no aprueba el aborto provocado? ¿Algún catedrático perrófobo? ¿Algún erudito metido a “Skin-head” neo nazi y reproductivista convencido que no quiere que se extinga la raza blanca? ¿Algún judío ortodoxo, de esos de los rulitos y el sombrero, que creen que el perro es animal impuro? ¿Algún esbirro intelectual al servicio de Bush, enemigo del convenio de Kioto al que no le importa el medio ambiente ni al ambiente entero?

Respondón.- Nada de eso. Tengo que aclarar, sobre todo, que la dichosa perla, aunque latina, no es eclesial sino, al parecer pagana. Su autor es Marcus Aelius Carpetanus, paremiólogo tardo-romano, al parecer nativo de Mantua Carpetana, que era entonces el nombre de la que siglos más tarde sería la villa de Madrid y propietario de un fundo llamado Fundus Marcuanus que ahora se llama Imarcoain o Imarkoain y que el mapa sitúa en el histórico y constitucionalmente “transitoriado” Reino, Provincia Foral y Comunidad Foral de Navarra.

Preguntón (queriendo dar por zanjada la cuestión, pero simulando darse por convencido).- ¡Y Vuestra Merced que lo diga!

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