La reciente decisión del Tribunal Constitucional de la República de Alemania, declarando que no ha lugar a la extradición de un ciudadano alemán acusado de delito de terrorismo cometido en país extranjero y ordenando su puesta en libertad, pone al descubierto de nuevo la debilidad de Europa tal cual fue objeto de un comentario en artículo anterior publicado en esta misma sección.
Pero esta recidiva de la debilidad –por cierto revestida de los oropeles de la soberanía del Estado-, se hace patente en un momento en el cual destacan por contraposición, la permanencia de los Estados Unidos en la zona del Oriente Medio y del Asia Central (Irak y Afganistán) y las reticencias europeas a comprometerse allí. Pese, indudablemente, a que los países de la UE están más cerca de ese teatro estratégico, a que son en buena parte europeos los intereses que allí se juegan y a que Europa se vería a la larga seriamente afectada si los americanos no tomasen sobre sí la tarea de defenderlos. Cierto que los americanos lo hacen por interés propio; pero no es menos cierto que esta actitud coincide también con lo que conviene a Europa.
La circunstancias especiales a las que aludíamos deben tomar en cuenta también que el momento actual es el del afianzamiento de Francia como país europeo con status de dhimmi, amigo tapado de la causa islamista. Con la sentencia aludida ¿está Alemania buscando un status igual que la ponga a cubierto de los ataques terroristas de las principales organizaciones que trabajan en este campo? ¿se trata de una mera coincidencia? Sólo el tiempo puede dar respuesta clara a estas preguntas.
Pero ¿Qué sucede con España? Curiosamente, aunque el gobierno español se mostró extraordinariamente diligente en la retirada de sus tropas en Irak, ¡Era una parte del programa electoral y, según se dice, esto es lo más sagrado que se concibe en el Reino de las Diecisiete Repúblicas!, la necesidad de reconciliarse con los Estados Unidos lo ha llevado a adquirir compromisos que, pecando por inocente, el público ignora y los medios, pecando por avisados, evitan comentar. Allí está por ejemplo ese compromiso de permanecer doce años en Afganistán, tomando a su cargo la base militar que los italianos abandonaron. Pues bien, pese a ese talante cooperante y adulador, la situación de España -que no ha mejorado respecto al terrorismo islamista-, tampoco ha mejorado respecto a los Estados Unidos, pues sigue siendo para éstos el aliado “nada digno de confianza” que el Señor Rodríguez Zapatero dibujó con su actuación, apoyada, no lo olvidemos, por el resultado de unas elecciones.
Retrotrayendo la mirada con el fin de ver si estos polvos han de achacarse a aquellos lodos, o si se trata sencillamente de que Occidente está mordiendo sin enterarse el mismo polvo desde hace unos treinta y tres años, vamos considerar el listado de tareas respecto a la seguridad frente al terrorismo que ya se consideraban pendientes en el año de 1972.Me he servido de The Economist.
Las medidas deseables por aquel entonces eran las que se enumeran a continuación:
1)- Mayor control de los viajeros, de sus equipajes y de la carga en los aeropuertos.
2.)- Juntamente con lo anterior, debía ejercerse una inspección más rigurosa de los pasaportes
3)- Reglamentación más estricta de la inmigración y de los visados.
4)- Concretamente se consideraba imprescindible la exigencia de visado a los ciudadanos de los países árabes y muy especialmente en aquél entonces, de los procedentes de Libia, de Marruecos de Argelia y de Túnez, como hacía Alemania en aquella época..
5).- Vigilancia más esmerada de los exiliados políticos de cualquier procedencia.
6)- Proscripción de las organizaciones extranjeras clara o presumiblemente entroncadas con el terrorismo. Esta actitud tan estricta tiene su explicación en el hecho de que al funcionar las organizaciones terroristas como sociedades secretas, sería ingenuo esperar a que diesen pruebas incontrovertibles de su finalidad terrorista.
7)- Coordinación centralizada de las investigaciones policíacas en los diversos Estados de la Comunidad.
8)- Coordinación de la legislación y de las políticas antiterroristas entre todos los Estados de la Comunidad Europea.
8)- Por encima de todo, se consideraba absolutamente necesaria la existencia de un Grupo Antiterrorista de la Comunidad.
Al comparar la lista de las medidas que hace tres décadas se consideraban imprescindibles en la lucha antiterrorista y lo que aún hace falta ahora, después de las matanzas de Madrid y de Londres, surge clara y bien perfilada la silueta de un descalco verdaderamente suicida.
La entera dimensión de este descalco se puede, a mi modesto juicio, calcular mejor si se consideran las siguientes circunstancias: A) el terrorismo islamista está ahora más extendido por el mundo y mejor organizado que en 1972 B) Cuenta con personal mucho mejor cualificado en materias técnicas. C) La población islámica, base humana utilizada como parapeto por los terroristas, y diana principal de sus actividades proselitistas, ha aumentado considerablemente en los principales países europeos, alcanzando en algunos la proximidad al punto crítico del 10%. D ) Dado el caos axiológico en que ha caído la cultura Occidental, la causa de los terroristas se ha hecho, en muchos aspectos, indistinguible respecto a la causa de los Derechos Humanos y de las libertades ciudadanas. E) Los problemas del terrorismo se han imbricado íntimamente con los problemas de la inmigración de tal manera que los Estados de la llamada Unión Europea se encuentran en la disyuntiva de poner en práctica medidas eficaces de control, deteriorando el real o supuesto equilibrio de la importación de mano de obra, o conservar el equilibrio de ésta aún a riesgo de adoptar la laxitud como regla en la vigilancia antiterrorista. Dada la naturaleza mercantil de la Unión y los intereses inmediatos en juego, apenas cabe duda de que la elección será a favor del mercado. Desde esta perspectiva, el terrorismo no pasa para algunos de ser un riesgo calculado.
A esta lista, añadiría de buena gana dos puntos más. El primero de ellos se referiría al hecho del despego que experimenta la sociedades occidentales respecto a la Iglesia universal, que deja a Europa carente de su horma espiritual que acaso sea sustituída por el Islam, mientras la Iglesia, sin abandonar su obra maestra, se expansiona preferentemente incardinándose en otras culturas. El segundo, consistiría en considerar la gravedad de que en el seno de una sedicente Unión, Francia, Alemania e Inglaterra, que son los que cuentan, miren por su propio provecho mientras saludan al tendido como solicitando una ovación por actuar en bien del conjunto. Así Francia, con su status de dhimmi, respetado por las principales organizaciones terroristas islámicas, y Alemania en lo que parece su actual puja por adquirirlo. O el Reino Unido defendiendo sus privilegios financiero como Francia defiende los suyos, mientras Alemania espera tranquila a tomas posesión de lo que la Historia le está brindando en bandeja.
Todas estas circunstancias hacen posible la acción pro islamista en una doble vía, la clásica de la beligerancia terrorista allí donde convenga, y la acción jurídica y de opinión que actúa de acuerdo al esquema de la defensa de los Derechos humanos, optimizando lo que desde el punto de vista de la dialéctica se llama “aprovechar las contradicciones del sistema.” O sea, sacar ventaja de aquellos puntos de la defensa y de la estabilidad del sistema que pueden ser explotados para desequilibrarlo mediante pequeños saltos cuantitativos que llevarán al gran salto cualitativo. .
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